Las personas Asexuales son generalmente definidas como aquellas que no experimentan atracción sexual, pero que sin embargo puede sentir atracción de tipo romántica y emocional.

De acuerdo a la Red de Visibilidad y Educación Asexual (siglas AVEN en inglés), la asexualidad se trata de la falta de atracción sexual por otras personas, no de la falta de actividad. Bajo esta definición, las personas asexuales puede tener relaciones sexuales por diferentes razones tales como satisfacción a la pareja, o bien una posible búsqueda de placer sexual, sin que exista deseo hacia otro.

En otras palabras, y de acuerdo a misma comunidad asexual, una persona identificada de esta manera puede pensar en cualquier tema inespecífico durante un acto sexual o la masturbación, llegando incluso a tener fantasías relacionadas a personas, sin embargo nunca con la intensión de concretar esa fantasía.

Aun así, para algunos miembros de la comunidad asexual el asunto no es blanco y negro y por lo tanto existiría un espectro entre la Asexualidad y la Alosexualidad (lo contrario a lo Asexual), existiendo una serie de tonos grices, donde se ubican por ejemplo los gris-sexuales quienes sienten atracción sexual de manera esporádica y con baja frecuencia, o los demisexuales que experimentan atracción sexual sólo después de generar un vínculo con un otro.

Aunque con el tiempo, la asexualidad ha sido cada vez mas aceptada como una orientación sexual válida, aún existen discusiones con respecto a su clasificación. En primer lugar, mientras algunos consideran que es otro tipo de orientación sexual, como la heterosexual, la homosexual o la bisexual, otros plantean que no puede considerarse una orientación ya que es mas bien la falta de una y por lo tanto queda fuera del concepto.

Esta primera discusión queda parcialmente resuelta con la separación del concepto de orientación sexual entre los conceptos de atracción sexual, y la atracción romántico/afectivo. En general, aquellas personas identificadas como asexuales si experimentan este segundo tipo de atracción, y aquellos que no lo hacen suelen identificarse como “Arromanticos”, pudiendo alguien identificarse como Arromantico y Asexual a la vez. Esto significa, que una persona definida como asexual, pero que si genera vínculos afectivos, cumple en parte los criterios para una orientación sexual.

En segundo lugar, ha existido una gran resistencia en especial desde la sexología que en muchas ocasiones ha caracterizado a la Asexualidad como resultado de un trauma, dificultades vinculares, como una variante extrema de un trastorno de deseo sexual hipoactivo, aversión al sexo, o bien un trastorno parafílico.

Las críticas a estas declaraciones han apuntado hacia la hipersexualización de nuestra cultura, y la patologización de aquello considerado fuera de lo socialmente esperado. Para muchos, una respuesta que diferenciaría a la Asexualidad de una dificultad médica, podría encontrarse en el malestar subjetivo ante la inexistencia o bien el bajo deseo sexual. Es decir, que esta situación sólo sería patológica cuando la persona sufre debido a ello. Sin embargo, el grado de malestar o molestia que una persona sienta, estará siempre en relación a la reacción del contexto, En otras palabras, si tener un bajo o nulo deseo sexual no fuera mal visto culturalmente, probablemente menos personas sentirían que tiene un problema.

Lo cierto es que el tema es complejo, ya que la comunidad acepta la fluidez de la orientación, es decir variaciones en el deseo, pasando por períodos donde este sube y baja. Esto hace al término confuso, al asimilarse a diagnósticos tales como el mismo deseo sexual hipoactivo, a síntomas de depresivos, uso de ciertos medicamentos, períodos de estrés o a cambios tales como la menopausia o ciertas crisis vitales. Así también, algunos de los términos mencionados aquí, podrían representar a la mayoría de la población femenina que posee fluctuaciones en la libido mensuales de acuerdo a cambios hormonales, o bien que culturalmente han aprendido que una relación sexual debe estar ligada previamente a un vínculo como es el caso de la demisexualidad.

Con esto, no quiero ser malinterpretada y se piense que la Asexualidad no existe, de hecho, la investigación cada vez mas respalda su existencia, si no que me parece importante conocer el término en profundidad antes de usarlo como manera de identificación y descartar que el bajo o nulo deseo sexual sean consecuencia de un problema de salud física o mental que no está siendo observado ( en especial si aparece de manera repentina),  así como revisar las propias ideas y creencias con respecto al sexo que no permitan disfrutarlo o desearlo.

Es probable que existan muchas personas que se identifican con el término asexual, pero que sin embargo estén en desconocimiento del concepto. Lo cierto es que debido a la gran importancia cultural que se le da al sexo, todo aquel o aquella que no lo reconoce como imprescindible es mirado/a de manera extraña, por lo que el encuentro con un concepto que permita generar reconocimiento, y una comunidad con quienes sentirse reflejado/a pueden ser muy tranquilizador.

Tanto la asexualidad, como una serie de nuevas orientaciones sexuales, han generado gran controversia en el mundo sexológico no sólo al despatologizar y reivindicar variaciones históricamente entendidas como  anormales, sino que también debido a la diferenciación cada vez mas detallada de diferentes elementos que han conformado términos tradicionales. Así por ejemplo, este caso en particular se rompe con el concepto tradicional de orientación sexual, al separar la atracción afectiva/romántica de la sexual (en general la orientación sexual se define como atracción afectiva, romántica y sexual hacia otra persona) y al permitir su fluidez, siendo que tradicionalmente este concepto se ha entendido como estable en invariable en el tiempo.