En términos simples, la homofobia internalizada hace referencia hacia los propios sentimientos de vergüenza e inferioridad ya sean conscientes o inconscientes a causa de identificarse como homosexual.

Como pasa con otros términos, la homofobia tiende a usarse de manera general para referirse a la población LGBT, sin embargo existen términos específicos para las diferentes orientaciones y/o identidades como la lesbofobia, la bifobia y la transfobia internalizada entre otros. Es rigor, el concepto correcto cuando hablamos de población LGBT sería homolesbobitransfobia, sin embargo con el fin de simplificar la lectura de este pequeño artículo, me referiré a la homofobia como término genérico.

Para muchos, el concepto puede ser un poco confuso y hasta burdo, ¿Cómo alguien puede sentir fobia hacia sí mismo/a/e? Sin embargo, no hablamos de una fobia como aquella que se le puede tener a las arañas o a los viajes en avión, sino a una aversión o un rechazo, siendo en este caso hacia la propia orientación sexual y/o identidad de género.

Un término que hace referencia a esta idea,  es el diagnóstico de “Orientación Sexual Egodistónica” que aún aparece en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10). Este diagnóstico hace referencia a aquellas personas que refieren angustia y malestar debido a la propia orientación sexual, situación bajo la cual se sustentan y defienden las controversiales terapias reparativas o de reorientación sexual.

No entraré en detalle con respecto a las críticas que tengo frente a estos diagnósticos, sin embargo creo importante reflexionar sobre la causa de este malestar tan profundo que muchos pueden llegar a sentir, debido a la simple atracción que se puede llegar a sentir con respecto a otra persona.

Hay que entender, que la experiencia de crecer como lesbiana, gay,  bisexual o trans puede ser muy dura y compleja, y es que no sólo hay que hacerle frente a la homofobia explícita que ejerce la sociedad, sino que a aquella silenciosa y subyacente que puede ser mas difícil de reconocer e identificar.

Ocurre entonces que además de escuchar comentarios y estar expuesto a situaciones negativas y dolorosas, hay que tolerar algo aún mas pernicioso: La invisibilización.

Así por ejemplo, encontramos invisibilización cuando una joven le cuenta a su padre sobre su orientación homosexual, y este se comporta como si nada hubiese pasado, sin querer referirse al tema. O bien, cuando una abuela que no quiere conocer ni reconocer al conviviente de su nieto y simplemente evita preguntar y hablar sobre parejas en su presencia.

Situaciones como esta pueden ser aun más dolorosas que un acto homofóbico explícito y directo, y es que para este último eres despreciable, erróneo o quizás hasta repulsivo, sin embargo la invisibilización entrega un mensaje aún más doloroso: que esa parte tuya es tan negativa, que ni si quiera puede ser hablada o discutida.

No sólo la familia, los amigos o los compañeros de trabajo pueden ejercer esta invisibilización, sino que también la sociedad misma. Un claro ejemplo de esto son personajes en los dibujos animados, las películas y las teleseries que se encontraban en los medios hace 20 años atrás.

Hasta hace unos años atrás, era muy difícil encontrar referencias hacia identidades sexuales y/o identidades de género diversas, salvo unas pocas excepciones, muchas de ellas caricaturizadas y ridiculizadas como por ejemplo, Tony Esbelt de Morandé con Compañía, o bien los transformistas o travestis relacionados al mundo nocturno que tradicionalmente han sido rechazados y marginados de la sociedad. Mas aún, muchas personas con una simple expresión de género no tradicional, como hombres femeninos sin identificarse como homosexuales, o mujeres masculinas sin identificarse como lesbianas no pudieron encontrar referentes positivos mientras crecían.

Hoy existen numerosas generaciones que crecieron sin modelos de referencia aceptados por la sociedad, sin reflejos en los medios ni en la vida real que les permitieran sentirse identificados/as/es, con cabida en este mundo y por lo tanto con un futuro posible. Aquello que no se ve o no se habla, no existe o al menos no debería, lo que lentamente internaliza la sensación de ser un error, alguien no deseado, quizás hasta despreciable, y posiblemente de ser el/la/le único/a que se siente de esa manera, así se entiende que las posibilidades son vivir la vida escondido/a/e y por lo tanto con vergüenza y desagrado a la propia manera de ser.

Las manifestaciones pueden ser múltiples, desde vergüenza, sentimientos de inferioridad, asco y hasta odio hacia la propia identidad o hacia otras personas de la comunidad LGBT. La homofobia no sólo llega hasta ti mismo/a/e, sino hacia aquello que sientes que representas o eres asociado por las personas.

Y es que finalmente, la manera en la que aceptas al resto , habla en gran medida sobre la manera en la que te aceptas a ti mismo/a, cuando comienzas a respetarte y dejas de querer ser alguien diferente a lo que eres, entiendes el valor de la diferencia y la importancia de serle fiel a ti mismo/a/e.