El duelo suele ser entendido como un proceso de adaptación a una perdida ya sea a un objeto, sujeto o situación en específico. Bajo este contexto, la salida del closet y reconocerse como homosexual, lesbiana, bisexual o trans puede gatillar distintos procesos de duelo no sólo para la familia, sino también para los amigos, la persona en cuestión y hasta para la sociedad.

La pérdida de las expectativas

Incluso desde antes de nacer, los padres suelen generar una serie de expectativas a futuro, en función del género que esperan recibir de sus hijos/as. Por ejemplo, si nos dicen que tendremos un niño, pintamos la pieza de azul y compramos ropa y juguetes masculinos. Probablemente lo imaginaremos jugando futbol con sus amigos, y lo visualizamos valiente, caballero, masculino y ojalá exitoso con las mujeres y el trabajo.

Por otra parte, si nos dicen que es una niña, pintamos su pieza de rosado, llenamos la decoración de flores, mariposas, y la imaginamos dulce y femenina. Quizás, hasta pensemos en el día de su matrimonio, y la visualizamos de blanco, entrando a la iglesia y luego con hijos/as, cumpliendo un rol de madre.

¿Pero que ocurre si con el pasar del tiempo, nos damos cuenta que nuestro hij/a no es heterosexual? Con una noticia de este tipo, se nos caen todos aquellos sueños e ideas con respecto al futuro, y se desarman por completo nuestros proyectos con respecto a una vida y familia tradicional.

Mas aún, puede que mi hij/a devele que se identifica como trans y que quiere comenzar una transición, situación que no sólo complejiza las expectativas y proyectos que tenía para su futuro, sino que también generará un duelo con respecto a la misma imagen física y social que tenemos de el o ella en el presente.

La pérdida de la imagen social

Para muchos, desde el momento en que se comparte la homosexualidad, o bisexualidad de un cercano comienza una sensación de ser reconocido de otra manera por la sociedad. Así por ejemplo, una madre que reconoce la homosexualidad de su hijo puede percibir que sus amigas la compadecen, la culpan o hasta la evitan.

Si es el caso de una identidad trans, puede que las pérdidas sean aun mas duras y los juicios aún mayores. No es difícil imaginar la posibilidad de perder relaciones con amigos y familiares, que se muestren en desacuerdo con la decisión de apoyar o facilitar una transición en un tercero ya sea hijo/a, pareja, padre, madre, etc.

Para la persona que revela su orientación sexual y/o identidad de género diferente a la esperada, el duelo con respecto a cómo será percibido por el resto es claro. El reconocerse como LGBT es la pérdida clara de los privilegios heterosexuales y cisgéneros (no transgéneros), y la entrada a un grupo estigmatizado y discriminado. En el trabajo, los amigos, la familia y la sociedad en general dejará de mirar a esta persona de la misma manera, quizás ahora perciba desagrado, evitación, curiosidad, compasión o hasta odio.

El proceso de salir del closet es constante, y para toda la vida, la heterosexualidad y el cisgenerismo son asumidos, obligando a aquel que no cumple con estas características a tener que romper con las expectativas sociales una y otra vez.

Además de la desventaja con respecto a una orientación sexual y/ la identidad de género diferente a la esperada, pensemos también en la pérdida de los privilegios asociados al género. Así por ejemplo, un sujeto reconocido como hombre que comienza una transición hacia el género femenino, no sólo recibirá el estigma de ser trans, sino que perderá los privilegios de ser hombre en una sociedad donde hombres y mujeres reciben un trato desigual. Pensemos por ejemplo en temas de sueldos, violencia y oportunidades.

 La pérdida con respecto a la propia imagen

La manera en que me percibo a mi mismo/a también puede cambiar después de que un cercano salga del closet. Así por ejemplo, dependiendo de mi percepción hacia la comunidad LGBT, puedo sentirme juzgado/a o hasta culpable por la transexualidad de una hija, cambiando mi percepción como madre y de la familia que proyecto hacia el resto.

El sujeto en cuestión también puede sufrir una pérdida con respecto su propia imagen al salir del closet, quizás si esta estuvo marcada por dificultades y reacciones negativas, puede sentirse despreciable, avergonzado de sí mismo y hasta menos válido dada su orientación o identidad. Para muchos, el salir del closet significa comenzar a caminar y vivir de otra manera, siempre escondiendo algo, con temor y sintiendo que existe una clara desventaja con respecto al resto.

En las personas trans, a veces surge otro tipo de duelo con respecto a la imagen física y social que los/las/les acompañó por años, , y que al momento de la transición deberán dejar atrás. Así, dependiendo del caso, por mas doloroso que fuera el ser reconocido con una identidad que no se percibe como propia, fue una compañía o bien un personaje que se interpretó por años, y que llegado el momento llega a su fin.

La pérdida del los antiguos esquemas

Por último, un duelo importante, es aquel ocurriendo actualmente en la sociedad, viéndose obligada a abandonar su comprensión de las personas exclusivamente bajo un modelo clásico y binario del género. No podemos continuar pensando en la heterosexualidad como la única manera de identificarse, ni en que existe un cuerpo para hombre y otro para mujeres, hoy las cosas son diferentes, siendo difícil pensar en una vuelta atrás.

Estando frente a una inminente pérdida de aquellos roles y comportamientos tradicionalmente esperados para hombres y mujeres, junto con las expectativas deseables para determinados tipo de cuerpo, nos vemos obligados a despedirnos de estos antiguos esquemas y volver a construir una nueva manera de comprender la sexualidad y el género.