Una de las cosas que más sorprende a las personas aquí en California cuando les cuento sobre los avances, luchas y el estado actual de la comunidad LGBTI en Chile, es el poco espacio que le damos a los matices cuando hablamos de identidad de género, en especial en la infancia. Poco o nada se habla de las identidades de Género no Conforme o Variante, y en general todo termina en lo Trans. Es como si en este reciente cuestionamiento a las normas de género que estamos viviendo en nuestro país, nos damos una vuelta tan grande que finalmente terminamos en el mismo lugar: perpetuando normas de género rígidas y inflexibles para hombres y mujeres ya sean trans o no.

En 1987, Richard Green publicó The Sissy Boy Syndrome and the development of homosexuality. En este libro Green, disípulo del sexólogo John Money, muestra los resultados de años de estudio en torno a la relación entre la femeneidad en niños y el desarrollo de la homosexualidad adulta.

De acuerdo a los resultados de Green, así como de una serie de otras investigaciones previas y posteriores a su publicación, la gran mayoría de aquellos niños calificados como femeninos crecerían en su mayoría para identificarse como homosexuales.

Uno de los estudios más recientes en torno a esta temática, y generalmente uno de los más citados, se publicó el año 2008, por un grupo de investigadores de una reconocida clínica de identidad de género en Holanda.

En esta investigación se estudiaron a 77 niños y niñas con el diagnóstico de disforia de género en la infancia, y se determinó que sólo un 27% del total de la muestra mantuvo su identificación con el género contrario al asignado hasta pasada la pubertad. Sumado a esto, se encontró que dos tercios del total de la muestra se identificaba con una orientación homosexual u bisexual.

Estos resultados, se han usado numerosas veces para mostrar incredulidad y oposición ante las transiciones de niños y niñas, pero lo cierto es que para entenderlos en profundidad hay dos importantes puntos que quiero destacar.

En primer lugar, históricamente ha existido gran confusión con respecto a las diferencias entre homosexualidad e identidades trans. Muchas personas quienes históricamente se identificaron como homosexuales, probablemente fueron transgéneros, sin embargo, no tuvieron la etiqueta accesible para usarla como forma de identificación. Hasta el día de hoy, es común encontrar personas que debido a la visibilidad reciente de las identidades trans, acuden a consulta recientemente conscientes de que su diferencia con la “norma” no está en la orientación sexual, sino en la identidad de género. Aunque quizás en relación a la última investigación este aspecto es menos relevante, creo que si lo es cuando consideramos la literatura anterior que también es ampliamente citada.

En segundo lugar, y creo que este es el punto más importante, probablemente muchos de esos niños nunca fueron realmente lo que hoy entendemos como transgéneros, sino simplemente lo que literatura denomina de Género No Conforme o Género Variante. Hoy de hecho, varios autores coinciden que la gran mayoría de aquellos niños y niñas quienes muestran preferencias e identificaciones con el género contrario son de género no conforme, siendo la minoría de identidad transgénero.

¿Cuál es la diferencia entre el género no conforme y las identidades trans en la infancia?

En términos prácticos, me atrevo a decir que podrían existir más características compartidas que distintivas. Ejemplos de las compartidas pueden ser los deseos por pertenecer a otro género, las preferencias por los colores, ropas y objetos de otro género y hasta de los deseos de modificar el cuerpo.

Sin embargo, una diferencia importante entre ambos está en las razones que subyacen en estos deseos, ya sea porque verdaderamente hay una identidad de género diferente a la asignada, o bien porque las restricciones culturales no permiten realizar ciertas actividades o tener ciertos gustos sin que se declare un discurso coherente y acorde a lo esperado de acuerdo al modelo binario imperante.

Quiero explicar este punto con un ejemplo:  Si yo a mi hijo le digo que sólo existen dos posibilidades de identificación (Hombre/Mujer), y que la única posibilidad de jugar con muñecas o usar un vestido es siendo una niña, puedo estar forzando que finalmente quiera efectivamente ser una niña, siendo esta la única manera de satisfacer ciertos deseos. Existen investigaciones que han encontrados como hombres homosexuales adultos fantasearon alguna vez con ser mujer en la infancia, pensando que sería la única manera de lograr una relación sentimental que fuera permitida socialmente al cumplir con el mandato heterosexual.

Toda identidad está restringida por los modelos de que la sociedad permite. En el caso de la identidad de género, si yo muestro que sólo existen dos posibilidades, cada una de ellas muy marcadas y con limites muy claros, de alguna manera impongo a que todo aquello que no cae en el modelo del género que se me asignó sea necesariamente del otro género, y por lo tanto: Trans. En mi experiencia, para los padres y madres es más tranquilizador que su hijo sea transgénero, y por lo tanto se acomode a la norma binaria, a que sólo tenga una expresión femenina o una identidad que no pueda clasificarse aún, y sostener el hecho que en muchos casos la identidad y orientación adulta es muchas veces impredecible.

Con esto, no quiero culpar a los padres, sino a un modelo que no da espacio para aquellos quienes no caen en las casillas tradicionales de hombre/masculino y mujer/femenina. Aún en Chile, no es posible que un alumno siga identificándose como niño, pero que sin embargo pueda utilizar uniforme escolar femenino. En estos casos, para la gente suele ser más fácil entender a las identidades transgénero, donde sin embargo se mantiene un modelo binario, que aceptar identidades que fluyen o bien no se ubican en los extremos del espectro género.

 

Algunas referencias

Wallien, M., Cohen- Kettenis, P. (2008) Psychosexual Outcome of Gender-Dysphoric Children. Clinical Child Psychology and Psychiatry, 47 (12), 1413-1423.

Ehrensaft, D. (2016) The Gender Creative Child. New York: The experiment

Brill, S & Pepper, R (2008) The transgender Child: A Handbook for families and professionals. New York: Cleiss Press

Dresher, J & Byne, W. (2012). Gender Dysphoric/Variant (GD, GV) Children and Adolescents: Summarizing What We Know and What We Have Yet to Learn. Journal of Homosexuality. (59) 501-510.